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PAMPLONA DEPORTES Aduriz acudió implacable a su cita con Osasuna y para el cuarto de hora ya había plasmado con un gol oportunista esa afición suya irrefrenable de amargar la vida a los rojillos. Lo hacía con tenacidad en el Athletic y ayer lo dejó caer con el Mallorca. El tanto del delantero guipuzcoano fue el asunto gravoso alrededor del que se complicó el partido en Palma y se convirtió en el hecho casi decisivo que colocó al equipo de Ziganda al borde de la primera derrota de la temporada, pero no pasó de ahí. Si el gol local incidió en el marcador y en la actitud del Mallorca, laborioso al principio y conformista después, el primer sustento que encontró Osasuna para salir airoso residió en su ánimo inquebrantable, en que su juego siempre estuvo por encima de los locales y que, como recolección de todo ello, el marcador al final crujió. Si en el fútbol argumentar la justicia o injusticia del resultado no sirve de dique ante los hechos, no cabe duda de que Osasuna evitó al final -en el minuto 84- toda la palabrería que queda y escuece cuando se ofrece una buena imagen y no se arrampla con ningún punto. Osasuna fue mejor que el Mallorca, ofreció una talla superior como conjunto y presentó una solidez más que meritoria para ser la segunda jornada. Los buenos detalles apuntados en la primera cita ante el Villarreal, además, quedaron confirmados en cuanto a la calidad y capacidad para el despliegue de este grupo. Además, entre los signos esperanzadores del encuentro de ayer se produjo la aparición de Portillo en su faceta como goleador frío, duro y puro. Desde que llegó a Osasuna, el delantero no había dejado de ofrecer su versión de futbolista implicado y esforzado, con unos enormes deseos de agradar y una actitud corajuda en esa línea encomiable. Frente al Mallorca, el ariete del pelo pincho mantuvo el elevado interés que se requiere para andar con firmeza en este equipo y, además, liquidó a su rival como en las mejores historias de los goleadores. Portillo salió mediado el segundo tiempo y a los tres minutos de estar sobre el césped ya había obligado una estirada de Moyá tras un tiro pícaro, raso, junto a un poste. Veinte minutos después, cuando el encuentro enfilaba peligrosamente la recta final sin alteraciones en los guarismos de Osasuna, el delantero culminó un contragolpe de Plasil y soltó un zurdazo dentro del área que hizo estallar la red. A Portillo, implacable como estaba ayer, aún le quedó tiempo para ponerle de los nervios a un rival -el talludito Josemi- y que el árbitro le recetara una tarjeta roja. De todo hizo. Aunque a Osasuna le costó conseguir su premio, salvo el suceso de Aduriz -el único lunar el juego defensivo-, el partido circuló por el carril de los rojillos. Alrededor del poder de Nekounam en el eje, trabajo atrás y movilidad en el último tercio del campo, el equipo de Ziganda mandó y se fabricó ocasiones clarísimas como un disparo del medio iraní al larguero, un cabezazo de Josetxo y un par de opciones más que Ezquerro dirigió con puntería y sin fuerza hacia Moyá. Una mínima bajada de tensión durante un puñado de minutos, dio paso a la entrada en el campo de Masoud por el lesionado Ezquerro, a la media hora, y a la reactivación del partido de la mano del atacante iraní y su fútbol bullidor y molesto. A los rojillos les sentó bien este cambio, como también luego los siguientes. Osasuna mantuvo su temple y ambición en el segundo tiempo, continuó sostenido por el gigante Nekounam, autor él solito de tres remates más que en otra tarde cualquiera terminan en el fondo de la portería, y perseveró en el control general de la situación. El Mallorca sólo dio señales de vida gracias al constante Aduriz -más cómodo mientras tuvo a Webó como compañero en el ataque- y, ya sobre el tiempo reglamentario, por un par de lanzamientos de faltas de Arango, que sesteó mientras estuvo en el campo y al que no le convenció nada ese partido serio y áspero que le propuso Osasuna. El mal menor de los rojillos fue el empate, pero los méritos de los de Ziganda estuvieron muy por encima del marcador. Ya se vislumbran jugadores y un camino. Textos tomados del periódico online noticias de navarra. com
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